Si no fuera por la gracia de las palabras que rayan las amapolas sonrientes desde el plexo solar, puedo decir que las torturas incesantes no atormentaron nuestras caricias.
Hay vida y visa, camino, sonrisas y gestos. Se quedó ahí plantado, pobre árbol, pero no hubiese dado el fruto prohibido que hoy nos lleva lentamente al fuego.
Nada fue, silencio, interno y diálogo, no entendí el motivo, no tuve motivo, no lo perseguí, no sentí, no miré, no soñé más que dostrescuatro veces.
Lloré, darme cuenta de la amistad, la lealtad, el anonimato de estas letras, perseguidas por un cerbero estruendoso, ánimas flotando alrededor de los remolinos del caos que ahí les presento.
Se conectan personas y no veo, no siento, caminan. Una charla por el parque me llevó al río, o la brisa, o el mar.
Si soy una gota y tu el océano.
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